Justicia versus "justicia social"

Por JOHN HOSPERS

Son los seres humanos, individualmente considerados, quienes nacen, viven, gozan, sufren y mueren. En ocasiones, los individuos actúan conjuntamente dentro de grupos; pero los grupos como tales, no viven, aman o sufren; sólo los miembros individuales lo hacen. El individuo y no el grupo es la unidad.

Los individuos interactúan entre si en familias y en sociedades más amplias. Algunas veces actúan equivocadamente con los demás y una clase de acción equivocada es la denominada injusticia. Pero que significa esto? Qué es precisamente lo que involucra una acción justa o injusta?

La justicia, remontándonos a la tradición aristotélica, significa tratar a los individuos de acuerdo con sus méritos. Si un profesor clasifica a un estudiante con una C cuando merece una B, la baja clasificación es una injusticia para con el estudiante. Es igualmente una injusticia cuando el profesor le pone una A que no merece. Aunque el estudiante no es proclive a protestar por su clasificación en el segundo caso, es igualmente una injusticia, por cuanto es un trato que no está de acuerdo con el mérito. Más aún, cada caso de una alta clasificación inmerecida involucra una disminución del valor de la clasificación; mientras más numerosos sean los estudiantes que merecen B y obtienen una inmerecida A, menor es el significado de la clasificación A y menor la distinción de los estudiantes que genuinamente tienen A, de los demás.

Existen algunas distinciones respecto a la justicia que deben ser tenidas en mente antes de aplicarla a casos particulares.

Distinciones sobre la justicia

  • 1. La justicia tiene que ver con el trato a las personas efectuado por otras personas. El león no es injusto con el antílope matándolo. El león no es un agente moral y no actúa bien o mal, no está involucrada la justicia ni la injusticia.

    Si un niño nace discapacitado o enfermo, ello es un infortunio, pero no una injusticia. La injusticia requiere una persona o personas que la cometan. Aún quienes dicen que Dios ha decidido que el niño nazca discapacitado o enfermo, no necesariamente acusan a Dios de la injusticia. La deformidad congénita es algo que infortunadamente ocurre, pero no es algo que alguien ha causado a otra persona; nadie ha perjudicado a otro.

    2. La justicia depende del mérito, y éste se refiere a las acciones pasadas, no a las posibilidades futuras. E1 mérito de la calificación de un estudiante durante el curso, depende del registro de sus logros durante el mismo. Si un hombre merece un castigo por un crimen, es porque cometió un crimen en el pasado, no porque, por ejemplo, fuera útil castigarlo como víctima propiciatoria; castigar a un inocente siempre es injusto. Tampoco es justo castigarlo porque é1 pueda cometer un crimen en el futuro. La detención preventiva de personas consideradas peligrosas, es usada algunas veces como una medida utilitaria para prevenir la comisión de crímenes en el futuro, pero esto se hace por consideraciones de utilidad y no de justicia. (La justicia no es la totalidad de la moral, y si la detención preventiva es alguna vez justificada debe argumentarse separadamente 1).

    3. En ocasiones la ley en sí misma es injusta, si cada conductor que estaciona excediéndose en el tiempo que marca el parquímetro fuera sentenciado a prisión, semejante ley, por más imparcialmente que fuera administrada sería injusta porque la sentencia es más severa de lo que merece la ofensa. Pero más a menudo, es la aplicación de la ley lo que es injusto. Un hombre es condenado a 5 años de prisión por un robo a mano armada y otro, culpable del mismo delito es objeto de una condena en suspenso, o convence al jurado de que es un insano, en cuyo caso recibe un veredicto de insania que le permite recuperar su libertad en 60 días. Dicha mala aplicación de la ley es denominada a menudo injusticia comparativa. Muchos reclusos, que aceptan la completa responsabilidad por sus acciones, no reclaman porque sus sentencias sean inmerecidas, sino que se quejan de una injusticia comparativa: ¿por qué ellos han sido condenados, cuando alguien igualmente culpable fue puesto en libertad? Sus sentencias, en sí mismas, pueden no haber sido injustas, pero la injusticia descansa en la benignidad o ausencia de las condenas de otras personas comparadas con la suya.

    La justicia es compatible con el perdón si la persona merece ser perdonada. Pero la única persona que puede perdonar al agresor es la víctima. Si el agresor pide al agredido "¿Quiere Ud. perdonarme?" y la víctima dice "No" y un extraño entra entonces en la habitación y dice "Esta bien, yo lo perdono", el extraño solo puede pronunciar las palabras, pero no procurar el perdón; solo la parte agredida puede hacer eso. "Yo no quiero que la madre abrace al tirano que tiró a su hijo a los perros!" escribe Dostoyevsky. "Ella no osará perdonarlo! Dejadla perdonar por sí misma si lo desea, dejadla perdonar al torturador por el inconmensurable sufrimiento de su corazón de madre. Pero ella no tiene derecho a perdonar el sufrimiento de su hijo torturado" (2).

    En oposición al perdón, la condonación de la pena o el indulto son actos legales: un presidente o gobernador pueden perdonar a un criminal. ¿Es el perdón compatible con la justicia? Nuevamente si, si la persona merece ser perdonada.

    4. La justicia es algo muy diferente a la clemencia y ésta puede ser diferente a la justicia. "Pero ¿podrá la justicia atemperarse con la clemencia?" Consideremos lo que esto involucra. Supongamos que cinco hombres han cometido homicidio, pero uno de ellos es puesto en libertad como un ejemplo de clemencia. Esto es con seguridad, una injusticia comparativa respecto a los otros cuatro, así como también una injusticia respecto al que ha sido puesto en libertad (suponiendo que merece la pena asignada). Si la clemencia es tan maravillosa, ¿por qué todo criminal no debiera ser puesto en libertad? ¡Eso sería realmente clemencia! ¿Por qué cada profesor no debiera calificar a cada estudiante con una A como un acto de clemencia? Porque naturalmente esto sería una gran injusticia, especialmente respecto a los estudiantes que merecen A. También sería clemencia darle trabajo que requiere verdadera especialización a todo aquel que lo demanda, aún a las personas que son analfabetas—y aún más clemencia sería darles salarios para que no hagan nada. La clemencia en este sentido significaría un total abandono de la justicia. (La clemencia en un sentido diferente, tal como "darle al defendido el beneficio de la duda" en los casos criminales, procedimientos judiciales, dándole la oportunidad de mejorar su conducta etc., es suficientemente deseable pero estos casos están ya incorporados en la noción de trato justo, están incluidos en la justicia pero no la reemplazan).

  • Justicia versus colectivismo

  • 5. Lo mas importante de todo es que la justicia es individualista: por cuanto los méritos de los individuos difieren unos de otros y así deben ser sus premios y castigos, también diferentes unos de otros. Es por eso que Aristóteles dijo que la justicia consiste en tratar "igual a los iguales y desigualmente a los desiguales". Si cinco personas no han cometido ningún crimen y otras cinco han cometido crímenes con una sentencia condenatoria de un año, sería injusto promediar las conductas de todos y condenar a los diez a seis meses de prisión. El inocente no merece la sentencia y el culpable si. La justicia no es asunto que pueda ser promediado; es cuestión de reconocer a cada individuo su propio mérito.

    El ejemplo que acabamos de dar ilustra lo opuesto a la justicia, es decir el colectivismo: esto es, no considerar los méritos personales del individuo sino únicamente su conducta como miembro de algún grupo. Supongamos que alguien de la tribu A ha matado a un hombre de la tribu B y como represalia, los miembros de la tribu B llevan a cabo una masacre completa de todos los miembros de la tribu A. Sólo uno de los miembros de la tribu A es culpable de asesinato pero todos los compañeros de su tribu son asesinos, no porque estuvieran involucrados en el asesinato sino simplemente porque eran miembros de la misma tribu a la que pertenecía el asesino. Semejante represalia tribal, aunque común en las sociedades primitivas, es una gran injusticia, porque involucra el castigo a aquellos que no lo merecen. (Una variante de esto ocurre cuando los miembros de la tribu B seleccionan al azar a un miembro de la tribu A y lo matan, aún cuando la persona ejecutada no fuese la culpable; fue seleccionada no porque fuese culpable, sino simplemente por pertenecer a la misma tribu que el culpable).

    El racismo es una forma particularmente perniciosa de colectivismo. Las personas que mancillan a otras por motivos raciales no están considerando los méritos o deméritos de la persona mancillada; quizás ni siquiera conozcan al individuo, lo único que saben es que es miembro de un grupo racial (judíos, negros, italianos, etc.). Aunque las cualidades de las personas individualmente consideradas pueden ser muy diferentes de muchos otros miembros del grupo, todo ello es ignorado: todo lo que se sabe e importa es que es miembro de ese grupo. "Un genio es un genio, con independencia del número de deficientes mentales que pertenecen a la misma raza --y un incapacitado mental es un incapacitado, independientemente del número de genios que comparten su mismo origen racial. Es difícil decir cuál de esas injusticias es más atroz: el clamor de los racistas del sur para que un genio negro sea tratado como un ser inferior porque su raza ha producido "algunos brutos" o el reclamo de un nazi bruto para tener un status superior porque su raza ha producido a Goethe, Schiller y Brahms" (3).

  • La vaguedad del "mérito"

    Todos pueden coincidir en que la justicia es el trato según el mérito, pero pueden estar en desacuerdo en juicios particulares sobre la justicia, por no coincidir en el castigo particular, calificación, compensación, etc. que merece una persona. Todos coinciden en que un asesino debe ser castigado, pero hay mucho desacuerdo respecto a qué castigo específico merece: ¿debe ser la pena de muerte? ¿debe ser prisión perpetua? ¿debe ser prisión por un tiempo determinado con posibilidad de libertad bajo palabra? ¿debe cumplir la condena en la prisión o será suficiente la obligación de trabajar en una granja?

    Hay un acuerdo general respecto a la gravedad de varios delitos: el asesinato que cuesta la vida a la víctima, es un crimen mayor que un atraco después del cual la víctima puede recuperarse y reanudar su vida; los crímenes contra la persona son peores que los crímenes contra la propiedad, la cual, usualmente puede ser reemplazada y así sucesivamente. Sin embargo, esto no siempre es así: hay formas de mutilación que son peores que la muerte, y el robo de una valiosa e irremplazable herencia familiar puede ser una pérdida mayor para la víctima que si hubiera sufrido una agresión violenta. Partiendo de la premisa de que cada caso es único, es necesario describir en detalle las circunstancias de cada caso a fin de poder apreciar el mérito de la persona.

    Aún con una descripción detallada, acompañada de un sincero intento de contemplar la situación de ambas partes, habrá desacuerdo respecto al mérito. Una mujer generalmente recomendará un castigo más severo que un hombre en los casos de rapto o violación. Una esposa tenderá a mirar con más simpatía, en caso de divorcio ante las cortes, la posición de la mujer, y el marido tenderá a mirar con más simpatía el caso del marido. A quienes no importa nada de los animales tienden a ser indiferentes ante el reclamo sobre actos de crueldad cometidos con los animales.

    "Póngase en el lugar de la otra persona" es una expresión que se aconseja pero que la mayoría de los individuos practican solo de manera incompleta y aún cuando tratan de hacerlo estarán probablemente a favor de aquellos que están en situaciones similares a la propia. Un criminal estará probablemente más preocupado por el trato dado a los reclusos, pero una persona que ha sido apuñalada está probablemente más identificada con las víctimas de este tipo de delito y naturalmente menos preocupada de cómo es tratado el agresor en la prisión. Este inevitable "equilibrio humano" probablemente coloreará los juicios de todas las personas respecto a los méritos—incluso el de los jueces.

    ¿Es el castigo merecido?

    En todo esto, sin embargo, debe tenerse claro que la única consideración relevante para la justicia es si el trato (el castigo, recompensa, calificación, compensación por el trabajo efectuado) es merecido. El castigo debe ser proporcional al mérito, cualquiera que este sea, no debe ser proporcional a la utilidad del castigo como lo es en la teoría utilitaria. La cuestión para la justicia es: "¿Qué castigo él merece?" no "¿Qué castigo será socialmente más útil?". Por lo general ambos tienden a coincidir: los crímenes más serios (que involucran las mayores injusticias) tienden a ser aquellos que requieren las medidas disuasivas más fuertes a fin de evitar su repetición. Pero no siempre es así. Puede ser socialmente útil, especialmente durante una ola de crímenes, culpar a un inocente y castigarlo como medida ejemplarizadora, deteniendo de ese modo a potenciales violadores de la ley y dando a los miembros de la comunidad un renovado sentido de "ley y orden". Pero naturalmente, la condena a una persona inocente, no importa cuál sea su utilidad social, es siempre una injusticia, porque un inocente no merece ser castigado.

    Si dirigimos nuestra atención de la prisión al mercado, afrontamos los mismos problemas apremiantes. ¿Cuál sería el criterio para determinar qué compensación merece un trabajador? ¿Existe tal cosa como "salario justo" y cómo lo determinamos? ¿Nos lleva la justicia a considerar "igual paga por igual trabajo"? ¿Es injusta la discriminación en la contratación del trabajo? Cuando se permite el funcionamiento del mercado libre, ¿ello resulta en injusticia?

    "Igual paga por igual trabajo"

    ¿Requiere la justicia que los empleados reciban igual paga por igual trabajo? Eso depende de lo que se entienda por "igual trabajo":

  • 1. Si sólo significa igual tiempo dedicado, tiene poco que ver con la justicia. Un empleado puede trabajar diligentemente durante toda la jornada laboral, mientras otro emplea la mitad de su tiempo usando el teléfono para hablar con sus amigos mientras deja al cliente esperando en la fila (esto ocurre frecuentemente en las oficinas del gobierno, como por ejemplo en el Departamento del Automotor). Dar a estos dos empleados igual paga sería injusto, sin embargo es lo que ocurre habitualmente.

    2. "Igual trabajo" puede significar igual esfuerzo realizado. Dos empleados pueden trabajar al máximo de su capacidad durante la jornada laboral—los dos "hacen lo mejor que pueden"- ¿deben recibir igual paga? repetimos, no necesariamente. Uno puede tener mejor formación, experiencia y habilidad en el trabajo que el otro; y generalmente los empleados más experimentados reciben más, con toda justicia. Asimismo en cualquier clase de trabajo que requiere imaginación, una persona puede aplicar el máximo esfuerzo y producir poco o nada, mientas el otro, sin llegar al máximo esfuerzo logra resultados brillantes. ¿No merece el segundo una remuneración más alta? (Si no la recibe, otro empleador que aprecie el ingenio y la iniciativa probablemente lo contratará pagándole una remuneración más elevada).

    Pero si ambos realizan el mismo esfuerzo y la diferencia consiste en que el segundo es brillante y el primero es obtuso y algo estúpido, ¿no es acaso inequitativo (injusto) castigar al empleado obtuso por una cualidad tal como la falta de imaginación, de la cual no tiene culpa? Si ambos hacen lo mejor que pueden ¿por qué se le va a pagar menos al obtuso? ¿No es acaso esto una injusticia? No: es cierto que no es culpa de la persona un poco estúpida no ser muy talentosa, pero su falta de inteligencia es un infortunio (igual que una enfermedad) no una injusticia impuesta por otra persona.

    3. Pero "igual trabajo" también puede significar el producto del esfuerzo, o sea un logro. Un estudiante que merece y recibe una A en matemáticas puede tener una gran aptitud natural para eso, y puede trabajar con mucho menos empeño y dedicación que un estudiante con poco talento que dedicó su esfuerzo para su B o C. Pero la calificación está en relación con el logro, no con el esfuerzo o tiempo dedicado. El empleado de una fábrica de gran productividad (en cantidad, calidad o en ambos) merece mayor paga habiendo contribuido de manera preponderante en la organización que le da trabajo. Si quienes obtienen los mayores logros reciben más altas compensaciones, esto difícilmente sea una injusticia.

  • Justicia y Discriminación Laboral

    Pero naturalmente no todos merecen la paga más alta por el mayor logro. Algunos empleados reciben menor remuneración, por causa de su raza o sexo; algunos son rechazados como solicitantes por ese motivo, antes de tener la oportunidad de lograr nada en ningún trabajo. ¿No es acaso esto una injusticia? ¿Y acaso la justicia no reclama, como una "acción afirmativa", programas que persisten en que la injusticia sea rectificada dando a las víctimas de la discriminación preferencia en los actuales empleos disponibles? Ello depende:

    (1) Si no es Ud. sino su ancestro quien fue víctima de la discriminación, entonces la consideración especial hacia Ud. de ninguna manera ayuda a los demás. Contratar un postulante no calificado porque su abuelo era esclavo, no es ninguna ayuda para el esclavo muerto; se cometió una gran injusticia, pero nada se puede hacer ahora para remediar esa injusticia. Recompensar a alguien ahora porque otro miembro de su mismo grupo racial fue en una oportunidad penalizado es puro colectivismo.

    (2) Pero si la persona, ella misma, fue objeto de discriminación en el pasado, generalmente se pueden adoptar medidas para corregirla: pasadas injusticias frecuentemente pueden ser corregidas.

  • a) Ud. puede haber sido víctima de discriminación laboral porque las facilidades en materia de educación en su vecindario eran pobres; Ud. jamás aprendió a escribir o sumar correctamente para poder aspirar a un pago decente por trabajo realizado. Contratar a la persona incompetente de ninguna manera es una solución: no es justo que los estudiantes soporten una profesora mediocre porque (por razones que no son o no son por completo imputables a ella) fue objeto de discriminación en el pasado. Y hasta donde se practica ese tipo de contrato, los estudiantes en un colegio o los compañeros del empleado en una fábrica, observarán al nuevo empleado como un caso de "contrato por simpatía" más que un contrato basado en la calificación genuina para el puesto; lo cual no agrega nada, de todos modos, para mejorar la calidad de la instrucción o para promover la armonía entre las razas.

    La instrucción de los trabajadores puede ayudar a remediar este defecto --un recurso que muchos empleadores utilizan. Y a la larga, es aún más efectivo cambiar el sistema educativo de modo tal que no sigan ocurriendo las disparidades radicales en los antecedentes educativos. Pero contratar un empleado incompetente es solo un intento de corregir una injusticia pasada perpetrando una nueva.

  • La cura de pasadas discriminaciones con nuevas discriminaciones

  • b) No obstante, supongamos el caso de dos postulantes a un trabajo, A, que es negra, está mejor calificada que B, que es blanca, pero B logra el trabajo por ser blanca. Esto ciertamente es un caso de discriminación laboral según la raza. La cuestión es cómo remediarlo. Supóngase que ese puesto queda vacante; ¿debe A, que fue excluida anteriormente, ser contratada con preferencia a otro nuevo postulante C? Si son ambos igualmente calificados la respuesta es si: porque ello ayudará al menos, a corregir una injusticia pasada. Pero supóngase que C está mejor calificada que A. Entonces contratar a A en lugar de C que está mejor calificada constituye una injusticia para esta última. (No es culpable C por ser blanca, ni más culpable A por ser negra).

    Hay muchos casos en que los actos de pasadas discriminaciones pueden corregirse solamente cometiendo otro acto de discriminación inequitativa en el presente, o sea perpetuando la discriminación y no eliminándola. Si un acto de injusticia pasada puede remediarse creando otra en el presente, puede la cura ser peor que la enfermedad; quizás sería preferible en lugar de cometer una segunda injusticia para corregir la primera, simplemente decir no a toda otra discriminación en el futuro. En ese caso contratamos a quien esté mejor calificado para el trabajo, independientemente de la raza; y si por este procedimiento un acto inequitativo de discriminación del pasado permanece sin corregirse (solo por un tiempo) al menos no resultará en ningún futuro acto de discriminación (4).

  • Otros aspectos de la discriminación laboral

  • 1. Hemos supuesto hasta ahora que una determinada raza o sexo es irrelevante para ser calificado para el trabajo. Pero, naturalmente, este no siempre es el caso. Un empleador no necesariamente trata con injusticia a un postulante si contrata a un hombre en lugar de una mujer como guardaespaldas o guardián de bar; la mujer es rechazada, no por razón de su sexo sino porque carece de las cualidades físicas para la tarea. En el mismo sentido, un actor blanco no es injustamente tratado si no se lo contrata para el rol de Otelo, que requiere a un actor negro como protagonista. Si la justicia en los contratos de trabajo se basa en la calificación que cada uno tiene para la tarea encomendada, algunas veces la persona en cuestión puede carecer de las aptitudes necesarias precisamente en razón de su sexo o raza.

    2. Merece ser destacado que la mayoría de los empleadores no rechazan a un postulante negro calificado contratando en su lugar a un postulante blanco menos calificado, aún por razones de propio interés: su compañía prosperará sólo si contrata a los postulantes mejor calificados, con independencia de su raza o sexo. ¿Por qué la proporción de negros adolescentes desocupados alcanza hoy casi el 50% mientras era menos del 10% en la década del 40? No es porque los empleadores súbitamente se volvieron racistas; es porque el gobierno interfiere en el mercado que ayudaba a las minorías y actualmente las daña. Por ejemplo, las leyes de salario mínimo han impedido que muchos adolescentes puedan recibir ofertas para trabajar en verano y recibir preparación para el trabajo, (por cuanto antes de que el trabajador adquiera la instrucción necesaria, el empleador perdería dinero contratándolo al precio del salario mínimo). Hay ejemplos incontables de esto y la lectura de "Los Mercados y las Minorías" escrito por un distinguido economista negro, Thomas Sowell, es suficiente para convencer a cualquiera, a pesar de la propaganda popular en sentido contrario (5).

    3. Uno debiera tener en cuenta la diferencia entre la justicia y los derechos. Muchos argumentarán, como yo lo hago, que nadie tiene el derecho a un trabajo: por ejemplo ningún empleador debería ser forzado por la ley a contratar un empleado que no necesita, o aún para contratar un empleado que no desea tener en su nómina de personal: si es su propio dinero el que está gastando (y arriesgando) está dentro de sus derechos contratar a quién quiera. Si se trata de un racista que rehusa contratar negros o mexicanos, él deberá sufrir económicamente por sus prejuicios: si fracasa por no contar con muchos de sus postulantes mejor calificados él mismo será el perdedor, especialmente cuando su competidor no racista los emplea; pero este es un castigo que é1 recibe por ser racista. Muchos empleadores pueden tener sentimientos racistas, pero si quieren permanecer en el mercado no deben permitir que sus sentimientos se interpongan con su bolsillo.

    Su omisión para contratar a determinadas personas no es entonces una violación de los derechos de quienes el omitió emplear; nadie tiene derecho a un trabajo si otra persona tiene que pagar por él. Pero al rehusarse a contratar a aquellos postulantes que están mejor calificados, está cometiendo una injusticia, porque no está tratando a otros de acuerdo con sus méritos. El derecho a tratarlos así no es incompatible con el hecho de que sea injusto en el trato con ellos. Si la ley debe prohibir ese trato depende del punto de vista de uno sobre la ley si uno cree, como creyeron los Padres Fundadores (todos ellos), que la ley debe prohibir únicamente violación de derechos o (como lo consideran nuevos enfoques) que la ley debe intervenir también en cualquiera de los casos en que haya injusticia.

  • La justicia y el mercado

    Frecuentemente se ha argumentado que el sistema de mercado libre es injusto. La crítica al mercado libre constituye una alta proporción en las cátedras universitarias de ética y filosofía social. Puede darse por sentado que ningún sistema es enteramente justo en todos los detalles; siempre habrá casos de injusticia. Pero el sistema del mercado es, de lejos, el menos injusto de todos los sistemas económicos.

  • La Unión Soviética no tiene una economía de mercado. El salario del obrero no depende de sus propios méritos o productividad sino de lo que decide el burócrata de turno qué debe pagarse a cada trabajador en cada categoría. E1 gobierno decide que los profesores deben recibir un salario más alto que los empleados de los archivos. Al menos teóricamente, cada trabajador de determinada categoría está supuesto de ganar igual salario --suponiendo que cada uno está dedicado al máximo a los ideales comunistas y en consecuencia dedicará el máximo esfuerzo y logrará la máxima productividad durante sus horas de trabajo. ¿Cómo funciona este sistema en la práctica? Una descripción de una persona que desertó provee una dramática explicación:
  • Nadie en la fábrica de ómnibus estaba apurado para trabajar; los trabajadores preferían estar sentados en el salón de fumar hasta que aparecía el capataz, momento en que corrían a ocupar sus puestos. "¿Para qué apurarnos por el salario que nos pagan?" decían los trabajadores. "El trabajo no es un lobo, no correrá dentro del bosque". En las mañanas la mayoría de ellos estaban ebrios o excedidos en tasajo y durante la jornada laboral la gente se escapaba regularmente cruzando las vallas para tomar unos tragos de vodka. Sólo un hombre se dedicaba a cumplir por completo su jornada laboral. Los demás lo odiaban y cuando lo señalaban lo hacían haciendo girar significativamente un dedo sobre su sien. Buscaban siempre la oportunidad para perjudicarlo, ya sea dañando subrepticiamente su máquina o robándole sus herramientas. ¿"Quieres ser un campeón y aumentar la productividad?" decían maliciosamente. Resultaba que si un hombre se excedía en el rendimiento el próximo mes sería aumentado el nivel de rendimiento exigido a todos y todos tendrían que duplicar su esfuerzo exactamente por la misma paga" (6).

    La injusticia de un sistema que castiga a un trabajador diligente es demasiado obvia para comentarla—sin contar con los efectos para el trabajador mismo: nada arruina más la moral de un ser humano que ser penalizado por hacer bien su trabajo.

    Recompensas del mercado

    En contraste, la economía de mercado recompensa la iniciativa y el emprendimiento. No todos los empleadores reconocen el talento inmediatamente: puede haber un período en el cual el patrón pague a ciertos empleados menos de lo que les pagaría si conociera su verdadera eficiencia. Aún así, la tendencia en una economía de mercado es que cada persona progrese hasta el límite de su habilidad. En tanto hayan empleadores en competencia, si un empleador no reconoce su eficiencia, otro probablemente la reconocerá.

    ¿Acaso quienes trabajan en cierta clase de tareas no merecen mas paga que otros? Sí, y el mercado lo pone de manifiesto. Una persona que realiza un trabajo peligroso como caminar por el andén angosto de un puente muy alto con el objeto de inspeccionarlo, probablemente no estará dispuesto a tomar ese trabajo si no gana más que un portero. Probablemente tampoco lo hará una persona que dedicó años de su juventud estudiando en la facultad de medicina si al final del camino no gana más que lo que hubiera ganado lavando platos. Y un médico con un buen registro de éxitos en la cura de enfermos, probablemente tendrá más pacientes que uno que tiene un mal registro; acaso el primer médico no merece una remuneración que pueda ser descripta como salario mínimo (con seguridad este depende de la prosperidad de la economía y de los recursos con que cuentan los empleadores para pagar dichas remuneraciones; si se quiere una definición de salario justo simplemente se puede decir que es aquél salario que determinados servicios obtienen en un mercado libre. El hecho de que el trabajo de algunas personas sea más valioso que el de otras es ampliamente tenido en cuenta por el mismo mercado libre.

    Un capataz protesta porque su gerente que está sentado en su escritorio todo el día recibe mejor pago que él. Pero el gerente tiene la responsabilidad de coordinar los esfuerzos de los trabajadores y lograr un producto de calidad. Y el presidente de la compañía que gana más que el gerente tiene la pavorosa responsabilidad de tratar de anticiparse a lo que ocurrirá en el mercado el año próximo y decidir qué debe producirse y en qué cantidad, qué materiales debe comprar y a quién; de tales decisiones depende que la compañía siga existiendo. ¿Acaso el desempeño exitoso del que asume tales responsabilidades no merece una remuneración más alta? El trabajador y el capataz que más adelante llegan a ser gerentes y miembros del directorio, difícilmente se seguirán quejando sobre la disparidad de los ingresos.

    Hay quienes dicen que nadie merece la remuneración tan elevada que reciben algunos ejecutivos y dirigentes de empresas - sostienen que esos altos ingresos constituyen de algún modo una injusticia. ¿Pero qué ocurre con un ejecutivo que recibe un sueldo de 500.000 dólares al año y tiene el suficiente talento e ingenio para ahorrarle a la compañía 2 millones de dólares anuales sin sacrificar la calidad del producto? Ciertamente ha logrado un beneficio mayor para la compañía que la paga que recibe. Los accionistas están suficientemente ansiosos por pagarle eso y aún más para, evitar que sea captado por otra empresa. ¿Se les debería prohibir pagarle lo que ellos creen que merece?

    Infortunio versus injusticia

  • Si alguien queda desocupado porque ya no hay demanda para su habilidad tendrá que considerar adquirir otra: ¿Pero dónde está en esto la injusticia? ¿Quién está cometiendo la alegada injusticia? ¿El fabricante de coches de caballos por los que no existe demanda? ¿No sería acaso injusto que el fabricante de coches de caballo fuera obligado a conservar un trabajador que no necesita cuando la mayoría de los consumidores están comprando automóviles en lugar de esos coches?
  • Supongamos, que un hombre tiene una habilidad demandada por el mercado pero de momento no hay vacantes en esa área. ¿Es ello injusto? Es infortunado para él tener que ser un desocupado, cambiar su trabajo o trasladarse a otro lugar, pero no hay nadie a quien se pueda acusar de tratarlo injustamente. Mientras más se permita el funcionamiento del mercado libre, es más probable que él encuentre pronto la posibilidad de aplicar sus habilidades. Y además su desempleo puede ser un infortunio temporario, pero nunca una injusticia.

    Supongamos que un granjero decide sembrar soja este año, procurando enriquecer el suelo e incrementar el rendimiento del mismo producto que le hizo ganar considerable cantidad de dinero el año pasado, pero supóngase que muchos otros granjeros tienen la misma idea y como resultado de ello hay superproducción de soja y su precio este año experimenta una aguda declinación. Esto es simplemente la realidad del mercado: "Siendo la demanda constante, si hay más abundancia del producto, el valor de cada unidad del mismo declina". Esta es una injusticia que sufre el granjero?.

    Si se pierde la cosecha del granjero por causa de sequía o inundación, esto es un infortunio, no una injusticia. Pero el hecho de que otros granjeros también planten soja es una acción humana deliberada, no una condición de la naturaleza. Aún así, ¿dónde está la injusticia? Si el granjero hubiera sido muy astuto quizás habría plantado, alguna otra cosa este año; ¿pero cómo puede ser una injusticia hacia é1, el hecho de que otros granjeros también hayan querido ganar dinero plantando soja? Si él puede plantar soja, ¿por qué no pueden hacerlo también los otros? Puede ser desafortunado que muchos siembren este año y que haya exceso de producción; pero ¿dónde está la injusticia? ¿Quién ha sido injusto y con quien? Si él tuvo una razón para anticiparse a lo que otros granjeros harían, perdió como resultado de su errónea planificación; pero si no tenía manera de saberlo, la pérdida financiera puede sólo describirse como un infortunio, no como una injusticia.

    Justicia versus "justicia social"

    Quienes están comprometidos con la "ingeniería social" a menudo caracterizan el concepto de justicia individual descripto más arriba, como algo vetusto. Lo que necesitamos, dicen ellos, es justicia social (7).

    ¿Pero qué significa exactamente este término? Si la justicia es el trato según el mérito, y los méritos son desiguales, entonces la justicia reclama que el trato también sea desigual. Si el mismo salario se le pagara a todos sin importar el esfuerzo por los logros, tendríamos una sociedad en la que prácticamente nadie decidiría trabajar; al final no quedaría nada para distribuir y el hambre se enseñorearía del territorio. El ideal de justicia como completo igualitarismo --todos reciben la misma remuneración sin importar lo que hacen, cómo y cuánto y aún si no hacen nada- está contradicho por los más elementales hechos de la realidad. No es la idea de la redistribución forzosa lo que detiene al igualitarismo - no hacen objeción alguna a esto- objetan únicamente el hecho de que una vez muerta la gallina ya no puede poner huevos.

    Quienes proponen la "justicia social" no reclaman usualmente que cada persona (o cada familia) reciba el mismo ingreso. Por simples razones de supervivencia eso no se hace ni siquiera en la Unión Soviética. Quienes proponen la "justicia social" si reclaman, sin embargo, que todos, sin importar la habilidad, el esfuerzo el logro, gocen de un "nivel de vida decente" --lo cual en las zonas urbanas de América puede incluir no sólo alimentación, vestimenta y vivienda sino también teléfono, televisión y medios de transporte convenientes como "necesidades de la vida". ¿Y a quién se le va a exigir que pague por estas cosas? A aquellos cuyos ingresos son más altos; la "justicia demanda" que se requiera a los "más afortunados" que subvencionen a los "menos afortunados". Estos son los rótulos populares y el supuesto subyacente de que si una persona tiene más y otra menos, esto es únicamente un asunto de "suerte" o "fortuna", como si la habilidad y la iniciativa individual no tuviera nada que ver con el incremento de la propia cuota.

    Está lejos de resultar claro, sin embargo, como forzar a A a dar parte de su retribución a B sea un ejemplo de justicia: parece más bien ser un caso de injusticia para con A y una ganga para B. Y aún si esa transformación de los pagos debe hacerse, ¿puede efectuarse en nombre de la justicia? La base de la justicia es el mérito; la base de la caridad es la necesidad: en los actos caritativos donamos a otros porque ellos lo necesitan; en justicia recibimos compensación (o castigo) porque lo merecemos. La diferencia entre justicia y caridad no debe ser oscurecida.

    Los "carenciados" y por qué son pobres

    Generalmente los pobres son clasificados como "desafortunados" o "carenciados" como si, quienes ganan más los hubieran despojado deliberadamente. Pero esta etiqueta que los planificadores sociales automáticamente le ponen a todo aquel que se halla debajo de un determinado nivel de ingresos, es aplicable solamente a algunos de ellos y ciertamente no a todos. Primero debemos investigar por qué son pobres cosa que los planificadores sociales casi nunca hacen.

  • 1. Supóngase que un vecino suyo está a punto de realizar una inversión que Ud. sabe que es engañosa: perderá todo si realiza la inversión. Insensible a sus ruegos hace la inversión de todos modos y el resultado es que pierde todo. ¿Podrá la mayoría de la gente, incluyendo a los campeones de la "justicia social", estar dispuesta a donar de su dinero a perpetuidad a una persona que simplemente ha sido estúpida?

    2. Supóngase que una señora ha sido ahorrativa toda su vida, ahorró para su vejez, y posee una casa modesta con un jardín; otra señora con ingresos considerablemente más altos se gastó todo en una vida ostentosa y ahora está en la indigencia. ¿Acaso debe la primera señora ser requerida para proporcionar parte de su limitado ingreso a la segunda todos los meses? (Así es como suceden las cosas bajo el actual sistema paternalista y benefactor; pero ¿esto es acaso justicia?).

    3. Supóngase que una trabajadora podría haber financiado un seguro para la vejez, pero simplemente no lo hizo gastándose todo lo que ganaba. Ahora ella está en la indigencia. ¿Acaso otros, que han tomado precaución para su vejez, deben ser forzados a ceder parte de sus ahorros a una persona que no ha sido precavida? Proceder así puede ser caritativo, pero ¿es acaso justo?

    4. Ahora permítasenos referirnos a un caso distinto. Una persona está enferma o tiene una disminución física que no le permite trabajar; a ella le gustaría trabajar pero no puede hacerlo y su familia no tiene recursos. ¿Acaso la "sociedad" no debe ocuparse de ella?

  • Coercitivo o voluntario

    Este ciertamente es el mejor caso para la beneficencia; pero queda por saber si debe hacerla un gobierno benefactor (pagado compulsivamente por todos los asalariados) o la beneficencia de financiación privada (con aportes voluntarios de quienes están en condiciones de pagarla). Aunque el asunto requeriría una larga discusión que no es posible desarrollar aquí yo sugiero que las personas que responden a esta descripción son, comparativamente, una minoría de la población y que una vez que la enorme carga de la cadena de enormes impuestos (incluyendo los pagos para la seguridad social) sean removidos, de las espaldas de cada trabajador, y los potenciales empresarios puedan emprender pequeños negocios y contratar empleados, sin el riesgo probable de que su empresa quiebre por causa de los impuestos y controles, habría tal resurgimiento de prosperidad, que el estado benefactor sería innecesario: los fondos privados serian ampliamente suficientes para cubrir la tarea como fue durante la primera centuria de la historia americana cuando el nivel de vida era mucho mis bajo de lo que es actualmente (8).

    Herbert Spencer fue mucho más inteligente que los planificadores actuales, cuando en 1884 criticó "el supuesto tácito de que el gobierno debe intervenir cuando algo no anda bien’. Seguramente Ud. no permitirá que esta miseria continúe! exclamará alguien, que admite mucho de lo que ahora se dice y hace. Obsérvese lo que implica esta exclamación. Da por sentado, primero que todo sufrimiento debiera ser previsto, lo cual no es cierto; muchos de los sufrimientos son curables y prevenirlos supone la previsión del remedio. En segundo lugar, da por sentado que todo mal puede ser removido: siendo la verdad que con los defectos que existen en la naturaleza humana muchos males pueden ser cambiados de un lugar o forma a otro—a menudo: incrementándose con el cambio.

    "La exclamación también implica la creencia, sin hesitación... de que los males de toda clase deben ser tratados por el Estado. No se considera la investigación para saber si están operando otras entidades capaces de tratar con los males, y si los males en cuestión no están entre los que son mejor tratados por esas otras entidades. Y obviamente mientras sobrevienen más numerosas intervenciones del gobierno, más se confirma que este hábito en la manera de pensar crece y es mayor el perpetuo reclamo para más intervención (9).

    Ensayemos la libertad

    Con una economía no intervenida y un mínimo de caridad (y la mayoría de los norteamericanos tiene más que un mínimo) el problema de la pobreza sería casi obsoleto. El economista Thomas Sowell puede haber exagerado el caso, pero adoptó un punto de vista válido cuando al responder a la cuestión ¿Cómo librarse de la pobreza? contestó "Reúnase a los principales expertos en pobreza en algún lugar en medio del Pacífico y no se les permita volver a sus casas durante diez años. Al volver descubrirían que no existe más pobreza (10).

    Aparentemente, hasta ahora, los reclamos de "justicia social" son incompatibles con los de la justicia individual; en la medida en que se logra la primera se sacrifica la segunda. Si el gobierno le saca a Pedro dinero de su cartera para ponerlo en la de Pablo, puede haber logrado una mayor igualdad pero no una mayor justicia. Es imposible que los individuos reciban un salario justo en un mercado libre y luego ser forzados a compartirlo con otro, porque entonces recibe menos que un salario justo.

    La ironía final es que los ideales de los adalides de la justicia social no se logran ni siquiera cuando se ponen en práctica totalmente. Porque la gente no producirá --y no puede producir- indefinidamente sin una compensación, el resultado final de una masiva transferencia de pagos, es la igualdad en cero --indigencia universal. Eso fue, después de todo, como los excesos del antiguo estado benefactor romano abrieron el camino a la miseria de las Edades Oscuras (11), ocurrió muchas veces en la historia y ocurrirá nuevamente si los que proponen la "justicia social" --lo cual equivale a imponer el colectivismo por la fuerza—empujan sus reclamos al punto de anular los reclamos de la justicia individual.

    NOTAS

  • 1. Véase por ejemplo Frederick Schoeman, "On Incapaciting The Dangerous", en John Arthur y William Shaw, ed. Readings in the Philosophy of Law (Prentice Hall, 1984) y en Joel Feinberg y Hyman Gross, ed. Philosophy of Law (Wadsworth, 1981).

    2. Fyodor Dostoyevsky, The Brothers Karamozov, Modern Library edition, p.254 (primera edición 1882).

    3. Ayn Rand, "Racism" en Virtue of Selfishness (Signet Books, 1964)

    4. Ver Louis Kratzner, "Is the favoring of Women and Blacks in Employement and Educational Opportunities Justified?" en Feinberg and Gross, Philosophy of Law.

    5. Ver también Walter Williams, The State versus Blacks (Mc Graw-Hill, 1982; Warren Brookes The Economy in Mind (Universe Books, 1982)).

    6. Vladimir Bukofsky, To Build a Castle: My life as a Dissenter (Viking Press, 1977) p. 123.

    7. Ver por ejemplo, Richard Brandt, ed. Social Justice (Prentice Hall, 1962); Nicholas Rescher, Welfare (University of Pittsburgh Press, 1972); Norman E. Bowie, Distributive Justice (University of Massachusetts Press, 1971); Robin Barrow, Injustice, Inequality and Etchics (Barnes & Noble, 1982); Michael Bayles, Principles of Legislation (Wayne State University Press, 1978).

    8. Ver por ejemplo Henry Hazlitt, The conquest of poverty (Arlington House, 1978).

    9. Herbert Spencer, The man versus State (Caxton Press, 1940, p.335. Original publicado en 1884. Ver también John Hospers Libertarianism Laissez Faire Books, 1971) Cap. 7.

    10. Thomas Sowell, en Reason, diciembre 1980, p.5.

    11. Ver Ludwig von Mises, Human Action. (Regnery, 1945) esp. p. 767-769, también Isabel Paterson, The God of the Machine (Caxton Press. 1943). p. 38-40.

  • Este articulo apareció originalmente en la revista "The Freeman", de la Foundation for Economic Education (Vol. 35, Nro. 1, Enero 1985).

    Su autor es profesor de Filosofía en la Universidad del Sur de California, Los Angeles. Ha publicado numerosos libros, tales como Conducta Humana, Entendiendo las artes y Análisis de la Introducción a la filosofía, así como también varias antologías y más de cien ensayos en diarios y enciclopedias. Es presidente de la Sociedad Americana de Estética y fue el primer candidato a la presidencia por el Partido Libertario de los EE.UU. (1972). Es editor de la publicación trimestral El Monista. Reproducido en Ideas sobre la Libertad, Nº 55, Mayo de 1990.

    SUPERIORIDAD DEL MERCADO LIBRE

    Si los miembros menos productivos de la sociedad verdaderamente buscan seguridad, déjeselos unirse en defensa de la libertad de elección y de acción de quienes trabajan para su sustento y son personalmente productivos. Permítaseles tratar voluntariamente entre si en el mercado libre de compulsión. Tal comercio voluntario dirige los instrumentos de producción y los medios de seguridad económica poniéndolos en manos de quienes son más capaces de servir a toda la humanidad. Ello promueve el mutuo respeto a la vida y a la propiedad. Estimula a cada individuo a desarrollar sus propios talentos hacia el máximo de productividad.

    Estimula el ahorro en lugar del despilfarro. El mercado libre, y no su distorsión mediante controles del gobierno, es el único camino que conduce a la clase de seguridad personal que tiende a que las relaciones sociales sean armoniosas.

    PAUL L. POIROT

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